Jueves, 19 de Marzo de 2015 12:16
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Los amorosos Destacado

La poesía es un fuego que nace en el corazón, de un chispazo late por cada rincón virgen de la fantasía, se alimenta de palabras y tiene como destino la inmortalidad. Todo hombre enamorado se vuelve poeta, ya sea por amor o por una mujer... los poetas son algo parecido a los amorosos de Jaime Sabines:

 

Los amorosos locos, sólo locos, 
sin Dios y sin diablo. 
Los amorosos salen de sus cuevas 
temblorosos, hambrientos, 
a cazar fantasmas. 
Se ríen de las gentes que lo saben todo, 
de las que aman a perpetuidad, verídicamente, 
de las que creen en el amor 
como una lámpara de inagotable aceite.


Los poetas nunca mueren, son los Matusalén de las emociones, sus palabras los convierten en seres divinamente demoníacos, así que festejemos el inicio del camino a la inmortalidad de Jaime Sabines quien nació terrenalmente en Tuxtla Gutiérrez el 25 de marzo de 1926 y despertó del breve sueño de la vida en la Ciudad de México el 19 de marzo de 1999. A los 19 años comenzó a estudiar medicina, sin embargo la literatura lo reclamo como uno de sus hijos inmortales, ya que Jaime conocía a perfección la anatomía del deseo, el esqueleto de la tristeza y la fuerza de un corazón enamorado...


Con "Horal", su primer poemario, comenzó en 1950 una serie de publicaciones que culminaría pocos años antes de despertar a la eternidad.


Sabines dejo un poema para la travesía hacia dónde vamos todos...


Qué costumbre tan salvaje...


¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.


Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?


Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.


Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?


Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilado, limpio, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

Ultima modificacion el Jueves, 19 de Marzo de 2015 12:27
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